nyuudo

Volver a un Futuro Interdependiente

Internet podría dejar de ser esa mentira que nos repetimos constantemente.

Ya intenté describir mi opinión sobre nuestra obsesión por la novedad y como internet se ha convertido en una promesa constante, que nunca se cumple. Y sin embargo nos obliga a seguir corriendo detrás de la última actualización, con la esperanza de que, al fin, podremos escapar de este loop absurdo.

Con antropocénico cinismo, nos conformamos con aceptar que “el futuro, ya no es, lo que solía ser” y lo que recibimos a cambio son siempre modelos de futuro top-down, que -en esencia- no son ni revolucionarios ni modernos, como nos ha vendido Silicon Valley constantemente.

El 8 de Junio de 2021 el proveedor de hosting y cloud computing Fastly interrumpió su actividad por un periodo de tiempo que afectó a muchos servicios online muy importantes, incluidos medios de comunicación… y hasta los emojis de Twitter.

Independiente de las causas, este acontecimiento no es ni el primero, ni será el último, de muchos otros, que suspenden temporalmente y también periódicamente, servicios que asumimos como una metáfora de nuestra sociedad, dependiente de un control central privado.

Todo esto no es más que un recordatorio de lo frágiles que son muchos procesos “invisibles” que rigen nuestras vidas y la “economía de la información” en el siglo 21.

“Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”
Arthur C. Clarke

La idea del cloud computing está completamente integrada en nuestra manera de entender el acceso y distribución de la información. Sin embargo no parece que la mayoría de los usuarios tengan claro que, todas estas soluciones abstractas, dependen de infraestructuras físicas, reales, falibles y perecederas.

Cientos de miles de aplicaciones, que usamos para comunicarnos, hacer transacciones, o simplemente divertirnos, están alojadas en servidores de Amazon Web Services, Google Cloud, Digital Ocean, Microsoft Azure, etc. Así es más fácil entender cómo, esos nombres, asociados a corporaciones multinacionales, se repiten al mencionar las más grandes fortunas del planeta.

Directa o indirectamente, las funcionalidades de todas las aplicaciones que usamos dependen de servidores centralizados, ajenos a las realidades complejas de los lugares geográficos donde se consultan, ajenas a las idiosincracias o regímenes legales de los gobiernos a los que están suscritos sus usuarios.

Memoria Accidental

Al repasar la historia de la civilización, y su manera de preservar la riqueza intelectual y cultural colectiva, nos encontramos con muchos ejemplos en el que la documentación de ideas y/o tecnologías relevantes se han rescatado del olvido casi de forma accidental.

Tal y como a un enfermo de Alzheimer, nuestro mayor temor, es perder nuestros recuerdos, porque la memoria es la fundación misma de nuestra identidad.

Un ejemplo: de los autores griegos y romanos clásicos (que conocemos solo por nombre), más del 90% de ellos no tenemos sus obras completas. Trascendieron su existencia a través de la herencia oral y/o la preservación de su legado a través de escritos anónimos o inspirados en sus charlas, que llegan hasta nuestros días como obras cumbres de la civilización occidental.

Otro ejemplo: una tecnología que fue tan relevante como la puzolana (precursora del cemento), utilizada en construcciones romanas que aún perduran, se perdió con el declive del imperio Romano, y al no encontrarse registros al respecto, no se pudo redescubrir hasta pasados siglos.

Y un último ejemplo: del idioma protoeslavo (el padre de todas las lenguas eslavas, incluido el Ruso) no existen registros de alguna forma de escritura, ya que no ha llegado ningún escrito hasta nuestros días. Algo que no ha impedido que gracias a adaptaciones posteriores, sistematizando y formalizando los datos lingüísticos, se haya convertido en la base de comunicación, herencia cultural e intelectual de más de 300 millones de personas.

Y así podemos encontrar más y más ejemplos de como la riqueza intelectual y tecnológica de diferentes civilizaciones ha sido construida sobre piezas de un puzzle que ha corrido el riesgo de desaparecer. ¿Pasará algo parecido con la historia más reciente de la humanidad, fabricada con post de blogs, podcasts, memes y videos que se perderán en un apagón centralizado de servidores, propiedad de grandes corporaciones?

Una alternativa a la información centralizada en servidores privados es el IPFS o Inter Planetary File System.

Hace 6 años, un concepto inspirado en la tecnología peer to peer, propone devolver el control del contenido global en internet al usuario, de una manera mucha más parecida a como funciona nuestro cerebro, gracias a millones de interacciones interdependientes, que mantienen viva una información por la mera acción colaborativa del sistema.

Una Web permanente

El IPFS funciona con una complejidad relativa al marco de su propio “universo”.

Cuando agregas un archivo al IPFS, tu archivo se divide en trozos más pequeños, se realiza un hash criptográfico y se le asigna una huella digital única, llamada identificador de contenido (CID). Este actúa como un registro permanente de tu archivo tal como existe en ese momento.

Cuando otros nodos buscan tu archivo, preguntan a sus nodos pares quién almacena el contenido al que hace referencia el del archivo. Cuando ven o descargan tu archivo, almacenan una copia en caché y se convierten en otro proveedor de tu contenido hasta que se borre su caché.

Un nodo puede anclar contenido para mantenerlo (y proporcionarlo) para siempre, o descartar contenido que no ha usado por un tiempo para ahorrar espacio. Esto significa que cada nodo de la red almacena solo el contenido que le interesa, además de información de indexación que ayuda a determinar qué nodo almacena qué.

Si agregas una nueva versión de tu archivo al IPFS, tu hash criptográfico es diferente y, por lo tanto, obtiene un nuevo CID. Esto significa que los archivos almacenados en IPFS son resistentes a la manipulación y la censura; cualquier cambio en un archivo no sobrescribe el original y los fragmentos comunes de los archivos se pueden reutilizar para minimizar los costos de almacenamiento.

Sin embargo, esto no significa que debas recordar una larga cadena de CIDs, el IPFS puede encontrar la última versión de tu archivo utilizando el sistema de nombres descentralizado , IPNSy DNSLink se puede usar para asignar CID a nombres DNS legibles por humanos.

Este sistema permitiría entre otras cosas:

Por supuesto este sistema no es ni mucho menos perfecto o ajeno a complejidades:

Tomando en consideración pros y contras de IPFS para usar internet, las desventajas no son más que parte de un proceso de adaptación, como con cualquier otra tecnología. Además, en cienrta manera, el concepto del IPFS es un retorno a las ideas fundacionales y originales de internet, basadas en la interdependencia, la comunidad y la solidaridad.

Web 3.0 ¿Una Web sin Adblock?

El handicap que se argumenta en contra del IPFS es que, al no tener un modelo comercial asociado a su propuesta de valor, es una iniciativa sin futuro.

Sin embargo, me parece necesario recordar que, originalmente, la gran mayoría de plataformas de social media, iniciaron su camino -como herramientas de uso masivo- en una completa ausencia de un modelo comercial y en un principio sólo se beneficiaron del contenido de usuarios, lo que pavimentó la consolidación de la Web 2.0.

De hecho, hoy en día, ya existen muchísimas alternativas opensource a las redes sociales más usadas y que además ponen la privacidad del usuario como el pilar fundamental de su propuesta de valor. Mientras tanto, los “sospechosos de siempre” cargan a sus espaldas años de una fidelización conformista a sus prácticas fraudulentas encubiertas de lo más cool y fácil de usar, con illegible letra pequeña, promesas rotas cada trimestre y una inmensa presencia mediática.

Entonces el auténtico inconveniente de un nuevo paradigma como IPFS es simplemente su adopción masiva. Tal y como pasa con las redes sociales, hoy es posible encontrar también robustos motores de búsqueda que han optado por otro modelo comercial, que no va detrás de los beneficios vulnerando la privacidad de quien hace la consulta. Incluso ya existen completos sistemas operativos alternativos a iOS o Android para smartphones que ponen la privacidad de los datos del usuario en primer lugar.

Con IPFS una persona es la palataforma y ella misma elige con que compañías tratar, para potenciar sus datos.

Recientemente se ha incorporado un nuevo eslabón conceptual al ecosistema IPFS, que de alguna manera, responde al “problema comercial” del IPFS. Filecoin ⨎ es un sistema de pago digital y criptomoneda público de código abierto destinado a ser un método cooperativo de almacenamiento y recuperación de datos digital basado en blockchain e IPFS. En el fondo Filecoin sería un incentivo para favorecer a individuos y empresas a incorporar el protocolo IPFS a su vida digital.

El otro lado de la Criptomoneda

Personalmente a mí, el uso especulativo de criptomonedas, me sigue pareciendo contra-intelectual.
La defensa de la libertad individual por la que abogan algunos fundamentalistas del cripto, se queda simplemente en 2 fases de implementación:
1. Hacerse rico lo más pronto posible
2. Ya vendrá algún tipo de justicia a regular el proceso.

A menudo, cada noticia sobre el ecosistema de criptomonedas en los medios, es la retorcida historia criminal de un estafador carismático, o la de un grupo de ingenuos idealistas que piensan que el blockchain -por si solo- es un catalizador de progreso e innovación.

Fue tan controvertido lo que pasó con Libra (ahora llamada Diem), la gran volatilidad del Bitcoin, el rocambolesco fiasco de Tether, o la conveniente aparición de Stablecoins como manera de compensar la volatilidad, que no parece terminar de cuajar esta gran revolución tecnológica que aparentemente está acelerando el fin del dinero en efectivo, pero al mismo tiempo -y paradójicamente- se convierte en una amenaza a la privacidad.

Todas las acciones que potencian la depredación de los valores que compartimos y perpetuan el desequilibrio (aunque ahora sea bajo un aura tecnológica) no son más que la continuidad de una mentira que nos hemos repetido durante demasiado tiempo, sobre un sistema roto que nos insatisface pero parece que no podemos cambiar.

El IPFS propone una metáfora que no está limitada a un egotismo intelectual como un NFT o el cortoplazismo especulativo estéril. Para construir el futuro, el IPFS propone un regreso a nuestra interdependencia social, mediante una plataforma tecnológica que se construye bajo nuestra confianza mutua, como miembros de una tribu más grande que una ventaja abstracta e individual sobre nuestros pares.

Un Smart Contract “Social”

Este será un proceso lento, pero si entendemos la oportunidad que tenemos delante, podría ser un proceso irreversible, repleto de posibilidades y lo suficientemente atractivo para atraer a corporaciones, mercados… y por encima de todo, la creatividad de individuos que ya no serán valoradas solamente como consumidores.

En esta “sociedad de la información actualizada”, las piezas que construyen el motor de nuestra economía, ahora podrían tener una base filosófica diferente, en la que estamos obligados a compartir nuestro “espacio común” para el beneficio mutuo, pero sin compartir nuestra privacidad, o nuestra mal entendida vanidad, o una falsa autosuficiencia ajena a nuestra naturaleza gregaria y social.

"Se dice que el progreso tiene que ver con la competencia. No quiero desvalorizar a Darwin, pero es un hecho que cuando competimos, el autoengaño es pensar que mi bienestar radica en negar al otro."
Humberto Maturana

Al día de hoy este protocolo sigue evolucionando, ofreciendo nuevas soluciones y probablemente la información que aborda este artículo quede obsoleta más temprano que tarde, pero dentro de ese panorama me parecía importante la posibilidad de (aunque fuera hipotéticamente) volver a hablar de ese futuro que antes llenaba las páginas de novelas de ciencia ficción, en donde habíamos logrado trascender nuestras limitaciones y compartíamos un futuro interdependiente.