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El Amargo sabor de lo Intangible

Si el internet tenía un precio, el blockchain quiere despojarle de su valor.

En el post anterior quise reflejar mi esperanza, en medio de la frustración que significa la promesa eterna de la tecnología, de transformar la sociedad o al menos una parte de ella en algo mejor.

Han pasado meses en los que he continuado analizando las complejidades de la tecnología y he intentado ver el lado positivo y la oportunidad que representa el IPFS en comparación a otras tendencias que surgieron en otras época recientes. Pero lamentablemente mis conclusiones no son ni más esperanzadoras ni menos críticas que antes.

Sigo manteniendo que la idea detrás del IPFS me parece fascinante. Me recuerda mucho un concepto de administración de la información que leí en un libro de Jaron Lanier, en donde el autor rememora una idea previa a la concepción de “el archivo” como manera de almacenar la información digital. El IPFS comparte muchos beneficios con ese concepto, pero sin embargo, y desgraciadamente, ahonda en otras debilidades mucho más profundas, que no solamente tiene que ver con la transición a una nueva tecnología.

Prueba de Trabajo

Con una aspiración empírica, me propuse poner a prueba las posibilidades de esta tecnología, pero solamente con lo básico y, lo que a mi parecer, pensé como lo más práctico, es decir: publicar una web simple en la web 3.0

Obviando los conocimientos técnicos de cualquier web en html (que no explicaré aquí) el primer paso que representa un proyecto en web 3.0 es involucrarse directamente con el blockchain y eso significa inevitablemente criptomonedas. Con todo mi escepticismo y espíritu crítico puesto en pausa por un rato, me adentré en este mundo de especulación y cortoplazismo digital, única y exclusivamente para obtener, no solo el beneficio de la experiencia, sino la posibilidad real de publicar contenido autónomo y propio en la web 3.0.

Diversas cuentas creadas (en servicios asociados al blockchain) después, me encuentro con un panorama muchísimo más excluyente y homogéneo que lo que podía imaginar. No se trata solamente de “snake oil” en la forma de NFTs, ni un grupo de especuladores ideológicos esperando lucrarse con una fabulación financiera. Es todo un sistema repleto de vacíos legales y “oportunidades de negocio” que en anecdóticos casos están fundados con buena fé o bases éticas, pero me consta que un porcentaje monolíticamente alto es, simple y llanamente, un gran “casino digital”.

Invertí tiempo y dinero en probar el funcionamiento de un contenido con autoría propia en un medio “descentralizado”. Lo que he comprobado es que todas las respuestas al control de nuestros propios contenidos es como mínimo ambigua y comúnmente retorcida. A cada operación necesaria para publicar contenido, con las mismas deficiencias de la web 2.0, pero con las “garantías” que el blockchain promete, es indispensable hacer una transacción. Esta máxima (la de la transacción) se vuelve la metáfora de todo el sistema, metodológica, práctica y hasta filosóficamente.

Hablar de dinero es hablar de política

En un mercado digital centralizado, por supuesto que hacemos transacciones continuamente, pero la gran diferencia en blockchain es la brecha entre el valor real y el valor especulativo que hay que sortear por intermedio de incluso otra brecha especulativa más, que está sujeta a una volatilidad incluso mayor. Sumado a esto hay que agregar la tarifa que se incluye en la transacción por la huella de carbono que, sin importar la abstracción que hagamos, está presente en toda la red de operaciones digitales que necesita el blockchain.

La complicación técnica palidece ante la ausencia de una genuina transparencia de las intenciones del mercado en torno al blockchain. En mi intento de publicar contenido con dominio propio y siguiendo las recomendaciones de “buenas prácticas” que la misma comunidad sugiere, solamente me encontré con más y más y más “transacciones”... lo que se traduce en una comunidad colaborativa basada en la transacción, la volatilidad, la especulación y el hacer parecer que todo está funcionando.

Es legítimo y hasta necesario establecer un marco económico para la inclusión de nuevas ideas. Sin embargo en todo el ecosistema, el marco legal es prácticamente inexistente, pero en mi opinión lo más sorprendente es la ausencia de un marco político, porque cuando hablamos de dinero (incluso en el sentido metafórico) esto tiene un impacto directo en el poder de individuos, grupos e instituciones.

Para la web 3.0, la ausencia o abuso de poder se entremezclan en una retórica idílica que finalmente esta perpetuando la idea que vivimos en una economía y no en una sociedad. Así la gran oportunidad que ofrece el IPFS se pierde en un ruidoso pero estéril discurso libertario que no tiene asidero en el mundo real.

Sinceramente recomiendo a cualquiera que esté interesado en el mundo blockchain, al menos informarse, y que sea a través de fuentes “no circulares”. Una recopilación cuidadosamente curada y en constante expansión, con artículos de estudios académicos e investigación crítica, acerca del mundo blockchain lo puedes encontrar en the crypto-syllabus, o si prefieres un contenido condensado y con suficiente investigación de por medio, recomiendo este video.

Prueba y Error Interno

Me quedo con la experiencia de haber intentado usar una herramienta relativamente nueva en la que me pareció una oportunidad inmejorable para cambiar algo de los paradigmas en los que estamos inmersos, pero esta abstracción no va mucho más allá de "intenciones".

Nunca me entusiasmó la idea del IPFS por el blockchain, ni tampoco por las criptomonedas, ni mucho menos por los NFTs. Realmente veía IPFS cómo una heredera del peer to peer y una tecnología útil de lo que está por venir. Sin embargo, después del camino recorrido, solamente me quedo con un gusto amargo de una abstracción para la solución al problema que el IPFS propone resolver y un intangible al que se le está poniendo un precio que sube constantemente pero que lentamente está perdiendo su valor.