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Y el Mundo No se Acabó

En poco tiempo pondremos en perspectiva una nueva referencia en el calendario

Para quien tenía interés en que pasara algo como consecuencia de la fecha señalada por el calendario Maya ha sido un incordio descubrir que todo sigue igual. La expectación por una hecatombe de proporciones precolombinas no llegó ni siquiera a rozar las más humildes previsiones cinematográficas.

Probablemente la peor parte es la defraudada esperanza en algo más imprevisible aún, la esperanza en un cambio. Cambio de líderes inapropiados, cambio de ideologías fracasadas, cambio en la confianza perdida y una inútil capacidad para creer en lo absurdo.

La promesa de tabula rasa se quedó solo en una previsión ajena en un oráculo antiguo que no da segundas oportunidades a lo inoportuno.

La gran mayoría de las tragedias que nos afectan prácticamente ya las conocíamos antes de llegar a proporciones apocalípticas, simplemente nos fuimos negando a asumirlas como parte de nuestra responsabilidad de forma sistemática en un intento por abstraernos de lo que realmente podemos cambiar.

¿Y después del día marcado, qué queda entonces? Al contrario de lo que parece, la adaptación al cambio o a su ausencia es mucho más inherente a lo humano de lo que parece y en poco tiempo pondremos en perspectiva una nueva referencia en el calendario para el próximo acontecimiento. Al fin y al cabo ¿Que es una fecha si no una convención? La próxima vez que suene el despertador, afuera no cambiará nada que no haya cambiado ya por dentro.